“Nada sucede por casualidad, en el fondo, las cosas tienen su plan secreto, aunque nosotros no lo entendamos”

Qué ironía tiene la vida, la verdad! Parece que todo está orquestado para que llegues donde tienes que llegar, aunque te resistas. La vida va uniendo los elementos para que, aprendas lo que debes aprender, y hasta que no lo aprendes, no deja de ponerte en la misma situación.

Los hechos se han confabulado para que pueda abrir los ojos y me ha facilitado la pieza que une el rompecabezas de mi vida.

El pasado lunes, una llamada de felicitación a Marcos, un familiar me dió la pieza y la información que me faltaban para decidir, de una vez por todas, empezar mi nueva vida.

Marcos, rehabilitado hace muchos años de una adicción y en constante lucha por el crecimiento personal, hábilmente me llevó por un camino que yo, en 7 años, ni me había planteado. Mi pareja tiene un problema de adicción des de jovencito.

Ante mi asombro, buenas intenciones y infundiéndome esperanza, me facilitó un contacto de un profesional en el tratamiento de adicciones que me sacaría de dudas, porqué yo no podía creerlo. Mi parte racional lo veía claro, mi parte emocional no.

Un paso muy duro que me ayudó a ver, a entender, a encontrar la explicación que durante tanto tiempo he estado buscando.

Faltaban 24 horas para salir de dudas, hecha un manojo de nervios, y dudando de la realidad, me adentré en el principio de mi salvación. Empecé a hacer una lista de comportamientos recurrentes, de hechos que intenté corroborar con otras personas porqué yo estaba dudando de mi misma y de mi objetividad…demasiado tiempo justificando lo que no se puede justificar, ha terminado pasándome factura.

A los 10 minutos de conversación, Carlos, el terapeuta de adicciones, me dijo, como si nada:

“él está enfermo: es un adicto, pero tu también estás enferma, eres una coadicta, como tal, no estás sana, y no tomas decisiones sanas”.

Mi primera reacción fue ver como podía ayudar al adicto. Otra vez palabras duras: si él no reconoce su problema, no tienes nada que hacer. Lo que intentamos en estos casos es que sepa que se quedará solo si no va a terapia; se trabaja con el círculo más íntimo: pareja y familia.

UFFFFFFFFFF!!! Jarrón de agua fría, helada y dura.

En mi caso, imposible, nunca reconocerá que tiene un problema con el alcohol y su familia tampoco. Su madre y hermano, ahora sé, que tienen el mismo problema. Es decir, no me ayudarán.

Al terminar la conversación, no me quedaron dudas de que él tenía un problema de adicción, predominantemente al alcohol.

Y yo era una coadicta, aunque todavía no sabía qué significaba, tenía claro que me impedía tomar decisiones sanas.

Pasé toda la noche averiguando lo que eso significaba.