Supongo que es inevitable dudar. Durante mucho tiempo he estado queriendo creer que la realidad era diferente. Supongo que también las ganas de estar equivocada, de que todo haya sido una pesadilla de la que despertaré en cualquier momento.

Hay una especie de telaraña en mi cerebro que me inunda de dudas cada vez que pasa algo. Es como una trampa, que me tiende mi mente para pensar, otra vez, que cambiará. Que su comportamiento será diferente y que al fin, seremos felices.

Pero no. Esta vez, tampoco será la definitiva. Tampoco cambiará; sino que sería yo, otra vez, matando una parte de mi para que deje de dolerme su comportamiento. Hasta cuando? hasta que ya no quede nada.